Anna Badia

Este ha sido mi segundo año como voluntaria de Cooperand y ha sido igual o incluso más enriquecedor que el año pasado. Cada día aprendes y te llevas más de lo que tu dejas allí.
Volver otra vez al Plan 3000 y ver a Padre Vicente, a todos los niños, jóvenes y en general el barrio que habías dejado atrás el año pasado, me llenó de felicidad con tan solo poner un pie allí. Me sentí como que ya había llegado a mi casa y estaba con mi familia Boliviana.
Des de ese mismo momento nos pusimos a trabajar sin parar, porque, a diferencia del año pasado, sabíamos en primera persona que el tiempo pasaría muy rápido y cuando nos diéramos cuenta ya tendríamos que irnos.
Se trata de una experiencia que te llena, cuando ves que tan solo con jugar con los niños o mirar cómo juegan, ayudarles a hacer su tarea y reforzar el estudio, para ellos es muy importante y te responden con una sonrisa que les ilumina la cara. Allí te das cuenta que realmente lo que nosotros aquí pensamos que es importante y crucial para ser feliz, allí no lo es.
Al principio trabajamos en la Guardería Divino Niño, ya que eran vacaciones escolares y en la guardería necesitaban gente, ya que eran muchos niños con pocas educadoras. Por las tardes hacíamos repaso a aquellos niños que estaban de vacaciones escolares y necesitaban un refuerzo importante en algunas de la materias.
Al terminar las vacaciones escolares, ya nos fuimos a trabajar en el colegio donde estuve en una clase de Kinder (con niños de 5 años) y su profesora Verónica. El año pasado ya estuve con ella y fue genial, ya que es una maestra con muchas ganas de enseñar y con mucho cariño que dar (esto lo digo porque allí la mayoría de los profesores no son vocacionales, enseñan por enseñar y no se preocupan por las distintas necesidades que tiene cada niño).
Pero creo que uno de los trabajos más importantes es los juegos que hacíamos por las noches en la cancha para todos esos niños, pero sobretodo jóvenes que se encontraban en la calle sin saber qué hacer.
En la cancha preparamos distintos juegos, como voleibol, el pañuelo, juegos de mesa (el monopolio, las cartas, etc). Era muy divertido y notábamos que los jóvenes les gustaba, ya que cada noche eran más los que venían, sino a jugar a hablar contigo y a explicarte cosas, problemas que tienen, en definitiva a sincerarse contigo.
El voluntariado ha sido una gran experiencia para mi estos dos años, y, espero y deseo, poder volverlo a repetir alguna vez.
Echo mucho de menos la gente de allí, en definitiva a todo mi Plan 3000. Anna.
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