Margarida Ruíz

Por segundo año consecutivo he regresado a mi país habiendo experimentado en Bolivia una vivencia muy enriquecedora. El simple hecho de haber tenido la oportunidad de formar parte de nuevo del día a día de las niñas del hogar representó todo un tesoro. Desde la segunda semana pude empezar el taller de teatro el cual junto con Narda, la psicóloga del hogar, fuimos evaluando para que así aportase el mayor beneficio a las participantes. Muchas de ellas ya me conocían del año anterior y aunque la tarea parecía más sencilla aparecieron ciertas complicaciones en la implicación de todo el grupo. Sin embargo, con paciencia e ilusión finalmente se representó la función con éxito. Para las actrices de Casa Maín hubo una salida al teatro con el propósito de asistir como público y así completar su aprendizaje en el mundo de la interpretación.

Es cierto que desde las 5:30 de la mañana hasta las 17:00 horas el horario consiste en atender las necesidades básicas de las niñas; la asistencia en la levantada, las tareas en el estudio, las comidas, y el acompañamiento y la recogida del colegio. Es por ello que la implementación de talleres resulta complicada ya que el horario es fijo e inamovible. Quizá en cierto modo tenía unas expectativas mayores que el primer año pero los imprevistos y las dificultades con las que me encontré en la gestión del tiempo y en el trabajo en equipo me hicieron darme cuenta que es solo con perseverancia e implicación cuando todo se puede lograr. Y no hay que olvidar que es esencialmente en los recreos y los fines de semana cuando realmente se establece una convivencia verdadera con las niñas y las jóvenes del hogar.
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