Anna Badia

Ha sido una experiencia inolvidable. Tengo que confesar que viajando hacia Bolivia estaba muy nerviosa, no dormí, ni comí, pero una vez llegué supe que sería una gran experiencia. 

En el momento que vi a Padre Vicente todos los miedos se desvanecieron. Solo verle pensé que debía ser un gran hombre con un corazón muy muy grande, y no me equivoqué. Sino todo lo contrario. No tengo palabras para describirlo, aunque sé que no hace falta, ya que vosotros ya lo conocéis. Ha sido para nosotras un padre allí y lo echamos mucho de menos.

Aunque no parábamos en todo el día, no me sentí cansada en ningún momento, todo lo contrario tenía ganas de hacer más y más y eso solo quiere decir que he disfrutado aportando todo lo que he podido allí, pero no solo yo, sino que de allí me llevo infinitas cosas más de las que he dejado.

Mi primera impresión del Plan 3000 fue dura, ya que pensé que me costaría mucho adaptarme. Pero pasó todo lo contrario; juntamente con Olalla, nos adaptamos desde el primer día allí, a la gente, a los niños, al barrio..., a todo. Ya nos sentíamos como en casa.
Nos ayudó mucho empezar a trabajar desde el primer día en la Guardería Divino Niño, aunque no teníamos muchas conversaciones con las educadoras..., nos encantó poderlas ayudar tanto en el comedor, como dentro del aula. Me llamó mucho la atención la cantidad de canciones que cantan durante todo el día, muy bonitas por cierto . 

Cuando empezó el colegio, estuvimos muy bien con las profesoras de Kinder, me llamó la atención la fuerza y el entusiasmo que tienen para sacar adelante una clase de 30 niños de 5 años. 

Después conocí la maestra de 1º de primaria, fue toda una experiencia haberlo vivido. Aunque allí todo fue mucho más difícil, nosotras intentamos ayudar y eso nos permitía  ir todos los días a clase. A posteriori, me he dado cuenta de que no fue una mala experiencia. Hicimos todo lo que pudimos y aunque la maestra no siempre apreció nuestro trabajo, el balance final tiene que ser considerado como positivo. Sé que es otro país con otras formas de enseñar y otra cultura muy distinta a la nuestra y  por lo tanto, nuestra forma de actuar “europea” no tiene por qué coincidir, por eso siempre intenté respetar la forma de ser y de actuar de Bolivia.

Y como olvidarme de nuestros “Leones”!. Esos chicos están llenos de amor y cariño, sin ellos no nos hubiéramos adaptado tan bien en el Plan. Nosotras éramos las que queríamos ayudarles pero nos acabaron ayudando ellos a nosotras.  Nos ayudaban en todo lo que necesitábamos.  Los tenía (y aun los tengo) como mis hermanos de Bolivia. Nos acompañaban a todas partes y infinitas cosas más que una sola hoja no me permite exponer.

En definitiva, he dejado allí mi familia boliviana, pero sé que dentro de muy poco les volveré a  ver a todos.

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