Misión y Visión

Misión y Visión

Misión

Dada la situación real expuesta, y la larga trayectoria y experiencia sobre el terreno de su fundadora, Cooperand se define como una herramienta para ayudar a optimizar la reinserción social de este grupo demográfico tan crítico. Creemos firmemente que incrementar los casos de éxito depende, en gran medida, de las herramientas que tenga cada uno de estos chicos a la hora de enfrentarse de nuevo a la sociedad de forma autónoma.
Tan vital es rescatarlos de las calles, recuperarlos física y anímicamente como darles una educación. Una formación personal y profesional que les permita, no tan solo reinsertarse de nuevo a la sociedad de forma autosuficiente, si no con la seguridad, confianza y voluntad de querer hacerlo.
Dar una salida profesional técnica a este grupo tan marginado incrementa de forma exponencial el éxito de su reinserción en la sociedad al acudir al mercado laboral con unos conocimientos específicos muy demandados por la sociedad actual, las TI, y distanciarse de la oferta masificada de oficios generales.


Visión

La problemática mundial de LOS NIÑOS DE LA CALLE se agudiza en los países más pobres. Siendo Bolivia el país más pobre del Cono Sur y el segundo más pobre, por detrás de Haiti, dentro del Continente Americano, la situación de este grupo marginado de la sociedad boliviana es extrema y su volumen excesivo. El nivel de vida de la mayoría de la población es alarmante, marcado por una falta de nutrición, educación, salud e higiene. El 69% de los niños y adolescentes hasta los 17 años se encuentran en situación de pobreza y el trabajo infantil representa un 22% entre el grupo de población de 5 a 14 años. En Bolivia viven 4.5 millones de niños; de estos, 2.8 viven en situación de alto riesgo social: maltrato, abandono, drogadicción, prostitución, explotación y todo tipo de abusos. Miles de niños y niñas menores de 14 años trabajan en las calles para poder sobrevivir. Las entidades públicas se ven desbordadas y no pueden cubrir las necesidades diarias que la problemática exige; los centros de acogida públicos son casi inexistentes y los privados reciben una ayuda mínima.
Santa Cruz de la Sierra es la ciudad más industrializada del país y ha sufrido en los últimos 20 años un crecimiento demográfico exponencial. La atracción por un trabajo digno de las periferias y el campo, donde malvive un sinfín de familias, ha propiciado una descomposición social sin precedentes. Muchas familias que no consiguen salir adelante en el nuevo destino emigran a otros lugares, dejando tras de si a sus hijos abandonados en la ciudad. Otros muchos no consiguen cubrir sus expectativas económicas y fuerzan a sus hijos a trabajar en las calles, perdiéndose muchos de ellos en ese entorno. Y otros tantos deben escaparse del entorno familiar debido a los malos tratos, abusos y violencia que sufren en el mismo. Por último, es común que la mayoría de las adolescentes, que ya malviven en las calles, sean violadas y den a luz a sus hijos en ese mismo entorno.
Una vez absorbidos por las calles, estos chicos que van desde los meses de edad hasta los 17 años, se encuentran en un entorno de total indefensión. Explotados laboralmente en el mejor de los escenarios: diablillos (porteadores con carretillas), lustrabotas, ...; con una alimentación escasa y desequilibrada; y una atención sanitaria nula, son víctimas de las inclemencias del tiempo, los abusos de las autoridades, la violencia de las calles, las drogas y la prostitución. Su esperanza de vida es escasa y cuando alguna iniciativa, ya sea promovida por entidades públicas o particulares, o de algún ciudadano consciente, consigue re-ubicarlo en un centro de acogida, Hogar, las posibilidades de re-inserción son bajas dado que la mayoría de dichos centros no están acondicionados para abordar la ingente tarea que ello supone. Los chicos llegan en un estado crítico y se debe contar con recursos, humanos y materiales, que los ayuden en todos los sentidos: nutrición, ropa, higiene, enfermedades, traumas, desequilibrios emocionales, ... Para ello hace falta un entorno seguro, agradable, con recursos humanos especializados tanto en la salud física como en la mental, con ayuda profesional psicológica. Los recursos humanos han de ser capaces no tan solo de curarlos si no de "reconstruir" la confianza de estos chicos en la sociedad para que sean capaces de regenerar su propia autoestima y voluntad de desarrollarse e integrarse, en un futuro, de nuevo en la sociedad que tanto los maltrató.

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